Videojuegos antes de dormir: cómo pueden afectar la rutina de descanso

Termina el día, ya no quedan tareas pendientes y todavía hay tiempo para una partida. Parece un momento ideal para jugar. El problema aparece cuando esa partida se convierte en varias y, al mirar el reloj, la hora de dormir quedó bastante atrás.
Esta situación es común porque los videojuegos pueden mantener la atención durante mucho tiempo. No siempre resulta sencillo pasar de una partida competitiva o una aventura intensa directamente a acostarse y descansar.
Jugar por la noche no significa necesariamente que una persona vaya a dormir mal. Sin embargo, cuando el videojuego retrasa constantemente la hora de acostarse, mantiene a la persona demasiado activa o se convierte en lo último que hace cada noche, puede complicar una rutina de descanso estable.
La clave no está en considerar los videojuegos como un enemigo del sueño, sino en aprender a colocarlos en un horario que permita terminar el día con más calma.
- El principal problema puede ser simplemente acostarse más tarde
- Pasar de una partida intensa a dormir puede resultar difícil
- Las pantallas también forman parte del entorno nocturno
- La frase “una partida más” puede alterar toda la noche
- Crear un pequeño periodo de desconexión antes de dormir
- Cuando los videojuegos se utilizan para “cansarse”
- Los fines de semana también necesitan cierta organización
- Qué pueden hacer los padres sin transformar la noche en una discusión
- Observar cómo se siente la persona al día siguiente
- No todos los juegos afectan la rutina de la misma manera
- Cuando el teléfono reemplaza a la consola
- Cambiar la rutina poco a poco suele funcionar mejor
- Preguntas frecuentes sobre videojuegos antes de dormir
- Disfrutar de los videojuegos sin sacrificar el descanso
El principal problema puede ser simplemente acostarse más tarde
Cuando se habla de videojuegos antes de dormir, muchas veces se buscan explicaciones complicadas. Sin embargo, uno de los problemas más sencillos es también uno de los más importantes: seguir jugando resta tiempo disponible para descansar.
Imaginemos que un adolescente necesita levantarse temprano para ir a clases.
Planea terminar de jugar a las diez de la noche, pero comienza una última partida. Después quiere intentar otra porque perdió. Más tarde se conecta un amigo y decide quedarse unos minutos adicionales.
Finalmente termina mucho más tarde de lo previsto.
Si esta situación ocurre ocasionalmente, probablemente forme parte de una noche diferente. Cuando se repite casi todos los días, la rutina comienza a desplazarse.
El problema no es únicamente cuánto tiempo se juega durante toda la jornada.
También importa a qué hora ocurre.
Una hora de videojuegos durante la tarde puede encajar perfectamente dentro de la rutina. Esa misma hora añadida al final de la noche puede reducir directamente el tiempo disponible para dormir.
Por eso una de las primeras preguntas que conviene hacerse es muy sencilla:
“¿Estoy jugando con tiempo realmente libre o estoy utilizando tiempo que debería destinar al descanso?”
Pasar de una partida intensa a dormir puede resultar difícil
No todos los videojuegos generan el mismo nivel de actividad.
Una experiencia tranquila de construcción o resolución de pequeños desafíos puede sentirse muy diferente a una partida competitiva en la que el jugador está intentando reaccionar rápidamente, comunicarse con un equipo y conseguir un resultado.
Durante una sesión intensa existe mucha atención puesta en lo que ocurre en pantalla.
Puede haber emoción por ganar, frustración después de perder o ganas de continuar porque la partida estuvo muy cerca.
Después de apagar la consola, la mente no siempre cambia de ritmo inmediatamente.
La persona puede seguir pensando:
“Debí hacer otra cosa en esa jugada.”
“Mañana intentaré esa estrategia.”
“Estuvimos a punto de ganar.”
Por eso algunas personas se benefician de tener un periodo tranquilo entre el final del videojuego y la hora de acostarse.
No tiene que ser demasiado largo ni complicado.
Puede utilizarse para preparar las cosas del día siguiente, realizar la higiene personal, ordenar un poco la habitación, leer o simplemente conversar.
La idea es crear una transición.
Dormir deja de ser algo que ocurre inmediatamente después de apagar la pantalla y se convierte en la última parte de una rutina.
Las pantallas también forman parte del entorno nocturno
Los videojuegos suelen utilizarse en televisores, monitores, tabletas o teléfonos.
Todos estos dispositivos aportan luz y mantienen a la persona mirando una pantalla en un momento en el que debería empezar a prepararse para descansar.
Por eso puede resultar útil reducir progresivamente el uso de dispositivos cuando se acerca la hora de dormir.
Esto no tiene que aplicarse únicamente a los videojuegos.
Si una persona apaga la consola y después pasa otra hora viendo videos en el teléfono, el cambio de actividad puede no ayudar demasiado a construir una rutina nocturna más tranquila.
Conviene observar el conjunto.
Videojuegos, redes sociales, series, videos y mensajes pueden terminar ocupando prácticamente toda la última parte del día.
Una rutina equilibrada intenta crear un momento en el que las pantallas dejan de ser la actividad principal.
La frase “una partida más” puede alterar toda la noche
Pocas frases representan mejor el problema de jugar antes de dormir.
“Una más y termino.”
Puede funcionar perfectamente.
Pero también puede convertirse en varias.
Especialmente en juegos competitivos, el resultado puede influir en la decisión.
Si se pierde:
“No quiero terminar perdiendo.”
Si se gana:
“Estoy jugando bien, aprovecho otra.”
De cualquier manera aparece una razón para continuar.
Por eso suele funcionar mejor establecer una hora para dejar de comenzar nuevas partidas.
Supongamos que una familia ha decidido que el videojuego debe terminar alrededor de las nueve y media.
Si una partida puede durar veinte minutos, no tiene mucho sentido iniciar otra a las nueve y veinticinco.
La solución puede ser acordar que, cuando se acerque el horario de cierre, ya no se comienza una nueva sesión.
Esto facilita terminar con calma y evita tener que abandonar una partida a la mitad.
Crear un pequeño periodo de desconexión antes de dormir
Una buena rutina nocturna puede comenzar antes de meterse en la cama.
Después de terminar de jugar, pueden realizarse actividades sencillas que indiquen que el día está llegando a su final.
Por ejemplo:
guardar los controles,
dejar preparado lo necesario para la mañana,
lavarse los dientes,
cambiarse de ropa,
ordenar rápidamente el espacio,
leer algo tranquilo,
o conversar durante unos minutos.
No todas las personas necesitan exactamente la misma secuencia.
Lo importante es crear una separación entre una actividad estimulante y el descanso.
Con el tiempo, repetir una rutina parecida también ayuda a evitar decisiones improvisadas.
Si todos los días el jugador sabe que a determinada hora termina el entretenimiento y comienza su preparación para dormir, resulta más fácil organizar la última partida.
Cuando los videojuegos se utilizan para “cansarse”
Algunas personas dicen que juegan hasta estar muy cansadas porque así pueden dormir inmediatamente.
El problema es que esta estrategia puede hacer que la hora de acostarse dependa del agotamiento.
En lugar de descansar a una hora razonablemente estable, la persona sigue jugando hasta que prácticamente ya no puede continuar.
Esto puede producir horarios muy diferentes de un día a otro.
Una noche termina temprano.
Otra continúa durante bastante más tiempo.
Mantener cierta regularidad suele ser más práctico que esperar a quedarse completamente agotado.
Además, existe una diferencia entre sentirse cansado y haber preparado el cuerpo y la mente para descansar.
Una persona puede estar agotada después de una larga sesión y seguir pensando intensamente en lo que acaba de jugar.
Los fines de semana también necesitan cierta organización
Durante el fin de semana es normal que exista mayor flexibilidad.
No hay que levantarse siempre a la misma hora y puede haber más tiempo libre.
Esto permite disfrutar de sesiones de videojuegos más largas sin la presión inmediata de las clases.
Sin embargo, flexibilidad no tiene que significar perder completamente cualquier rutina.
Si durante toda la semana una persona mantiene un horario relativamente estable y el viernes o sábado juega hasta muy entrada la noche, después puede resultarle más difícil volver a su horario habitual.
Una solución intermedia consiste en permitir más tiempo de juego, pero mantener algún límite.
Por ejemplo, adelantar responsabilidades y jugar durante una parte mayor de la tarde puede ser más cómodo que trasladar todo ese tiempo a la madrugada.
El objetivo es disfrutar del tiempo libre sin convertir la noche en la única oportunidad para jugar.
Qué pueden hacer los padres sin transformar la noche en una discusión
Cuando un niño o adolescente juega por la noche, el momento de apagar puede convertirse fácilmente en un conflicto.
La situación empeora cuando la primera advertencia llega exactamente a la hora en que debe terminar.
El hijo está en medio de una partida.
El padre dice que debe apagar.
El jugador pide unos minutos.
Aparece una discusión.
Una forma más práctica de manejarlo consiste en avisar con anticipación.
“En veinte minutos empezamos a prepararnos para dormir. Cuando termine esta partida, no comiences otra.”
El mensaje permite organizarse.
También es importante mantener cierta consistencia.
Si algunos días el límite se aplica y otros desaparece completamente sin explicación, será mucho más difícil convertirlo en hábito.
Los padres también pueden evitar convertir el sueño en un castigo.
La idea no es transmitir:
“Te quito la consola porque tienes que dormir.”
Es más útil explicar:
“Necesitamos dejar suficiente tiempo para descansar y mañana tienes que levantarte temprano.”
El objetivo es que el menor comprenda la relación entre sus decisiones nocturnas y cómo se siente al día siguiente.
Observar cómo se siente la persona al día siguiente
Una de las mejores formas de saber si la rutina nocturna funciona es mirar la mañana siguiente.
¿Resulta extremadamente difícil levantarse?
¿La persona se siente cansada durante gran parte del día?
¿Empieza a quedarse despierta cada vez más tarde?
¿Necesita recuperar sueño durante otros momentos porque jugó hasta muy tarde?
Si estas situaciones se repiten, conviene revisar el horario.
También puede ser útil preguntar directamente al niño o adolescente cómo se siente.
A veces ellos mismos reconocen que estuvieron jugando demasiado tarde.
Convertir esa observación en una conversación puede resultar más educativo que simplemente imponer una prohibición.
Por ejemplo:
“Hoy te costó mucho levantarte. Ayer jugaste más tarde de lo habitual. ¿Qué podemos cambiar esta noche?”
La pregunta conecta la consecuencia con una decisión concreta.
No todos los juegos afectan la rutina de la misma manera
También conviene observar qué tipo de videojuego se utiliza por la noche.
Un título que permite detenerse en cualquier momento es mucho más sencillo de integrar en una rutina nocturna que otro basado en partidas largas.
Los videojuegos competitivos pueden presentar otro desafío: es fácil querer buscar revancha después de perder.
Los juegos con amigos también pueden prolongarse porque el grupo sigue conectado.
Esto no significa que deban evitarse.
Simplemente hay que tenerlo en cuenta para elegir mejor el horario.
Si un jugador sabe que una partida puede durar bastante tiempo, quizá sea mejor utilizar ese juego durante la tarde y dejar para la noche actividades que puedan detenerse con facilidad.
Aprender a elegir no solo cuánto jugar, sino también cuándo jugar cada tipo de juego, forma parte de una buena organización digital.
Cuando el teléfono reemplaza a la consola
Existe otra situación común.
El niño apaga la consola a la hora acordada, pero después se lleva el teléfono a la cama.
Empieza a mirar videos, revisar mensajes o jugar otra cosa.
En la práctica, la rutina digital continúa.
Por eso las reglas nocturnas funcionan mejor cuando se piensa en dispositivos en general y no únicamente en videojuegos.
Algunas familias prefieren dejar determinados aparatos fuera de la habitación durante la noche.
Otras establecen una hora a partir de la cual ya no se utilizan.
No existe una única fórmula adecuada para todos.
Lo importante es evitar que el descanso tenga que competir constantemente con notificaciones, videos y juegos disponibles a pocos centímetros de la cama.
Cambiar la rutina poco a poco suele funcionar mejor
Si una persona está acostumbrada a jugar hasta muy tarde, probablemente resulte difícil cambiar todo de un día para otro.
Puede ser más práctico adelantar progresivamente la hora de terminar.
También ayuda sustituir parte de ese tiempo por otra actividad.
Si simplemente se apaga la consola una hora antes sin tener ninguna rutina alternativa, puede aparecer aburrimiento y el jugador terminará utilizando otra pantalla.
En cambio, se puede establecer una secuencia.
Terminar el juego.
Preparar las cosas del día siguiente.
Realizar la higiene nocturna.
Leer o escuchar algo tranquilo.
Ir a dormir.
La rutina se vuelve más sencilla cuando cada paso conduce al siguiente.
Preguntas frecuentes sobre videojuegos antes de dormir
¿Está mal jugar videojuegos por la noche?
No necesariamente. El problema aparece principalmente cuando jugar retrasa repetidamente la hora de dormir, dificulta desconectarse o interfiere con el descanso y las actividades del día siguiente.
¿Cuánto tiempo antes de dormir debería dejar de jugar?
No existe un periodo idéntico para todas las personas. Puede ser útil probar con un margen de tiempo suficiente para realizar una rutina tranquila antes de acostarse y observar cómo se siente la persona.
¿Los juegos tranquilos son mejores por la noche?
Pueden ser más fáciles de integrar porque generan menos presión por continuar o competir, aunque el horario sigue siendo importante.
¿Qué hago si mi hijo siempre pide una partida más?
Puede establecerse una hora a partir de la cual no se comienzan nuevas partidas. Avisar con antelación suele funcionar mejor que pedir que apague inmediatamente.
¿Es suficiente con apagar la consola?
No siempre. Si después se continúa utilizando el teléfono o la tableta durante mucho tiempo, la rutina de descanso puede seguir retrasándose.
¿Qué ocurre si el problema para dormir continúa aunque ya no juegue por la noche?
En ese caso puede haber otros factores involucrados. Si las dificultades para conciliar el sueño, permanecer dormido o descansar adecuadamente son frecuentes y persisten, conviene comentarlas con un profesional de salud.
Disfrutar de los videojuegos sin sacrificar el descanso
Los videojuegos pueden formar parte perfectamente de la rutina de un niño, adolescente o adulto.
No es necesario elegir entre jugar y dormir bien.
Lo importante es evitar que una actividad de entretenimiento termine decidiendo automáticamente a qué hora acaba el día.
Establecer un horario de cierre, evitar comenzar partidas largas demasiado tarde y crear una pequeña transición antes de acostarse puede hacer que la noche sea mucho más organizada.
También conviene observar cómo se siente la persona al día siguiente.
Si puede levantarse, cumplir sus actividades y sentirse descansada, probablemente la rutina esté funcionando razonablemente bien.
Si cada noche aparece una nueva partida y cada mañana comienza con cansancio, es momento de hacer ajustes.
Aprender a apagar una consola a tiempo puede parecer una decisión pequeña. En realidad, forma parte de una habilidad mucho más amplia: saber disfrutar de la tecnología sin permitir que desplace necesidades básicas como el descanso.
El mejor horario de videojuegos no es necesariamente el que permite jugar más, sino el que permite disfrutar de la partida y, cuando llega el momento, cerrar el juego y terminar el día con tranquilidad.

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